viernes, 6 de marzo de 2026

El héroe

 Definición: del griego "heros": semidiós, varón ilustre por sus hazañas.

El héroe, desde la antigüedad, es la persona que sobresale por su valor y fortaleza. Suele ser un guerrero fuerte o un personaje elevado a la categoría de dios, que destaca por sus poderes extraordinarios o fuera de lo común. Generalmente sobresale por sus cualidades y atributos, todos ellos muy positivos. Es la persona capaz de realizar gestas y hazañas maravillosas que al ser percibidas por el espectador producen en él un efecto curativo o catártico.

En la literatura, el héroe es el personaje primario de una novela o de una obra teatral, independientemente de que aparezca en posesión de todos los atributos y cualidades o carezca por completo de ellos. Son personajes capaces de cambiar el curso de la historia. Es un ser extraordinario que busca ser admirado por las demás personas quienes encuentran en él un modelo a imitar. No es perfecto pero si es superior desde el punto de vista físico, moral, emocional o todo junto.

Podemos distinguir tres clases de héroes:

1- El héroe épico: lucha contra un destino adverso.

2- El héroe trágico: sus sentimientos, deseos y pasiones lo destruirán.

3- El héroe dramático: somete sus pasiones al orden impuesto por el mundo exterior, evitando así su aniquilación.


En la tragedia clásica el autor debía presentar como protagonista a un héroe que procediese de los estratos más elevados de la sociedad. El concepto de héroe empieza a cambiar en el siglo XIX y a partir del siglo XX se emplea tanto para designar al personaje trágico como al cómico y responde al personaje primario de la obra, bien como ser individual o colectivo. 


La trayectoria del héroe

a- Llamado: el héroe en determinado momento le ocurre algo que lo llama a un cambio. En la mayoría de las obras el llamado se realiza dentro de la obra aunque no debe ser así necesariamente, puede estar fuera de la obra.

b- El cruce del umbral: el héroe abandona una situación para pasar a otra.

c- El viaje: puede ser un viaje físico o interno del que generalmente no tiene retorno pues la vida ha cambiado y no hay vuelta atrás, ya no regresa igual.

d- Las pruebas: en ese viaje el héroe experimenta pruebas que lo consagran como héroe. Muchas veces realiza ese viaje acompañado de un guía. De estas pruebas las más conocida es la catábasis que es el descenso al mundo subterráneo; tiene un sentido de revelación de la verdad, casi de reconocimiento. Tiene que ver con el futuro, le ayuda a seguir su camino.

martes, 3 de marzo de 2026

recursos literarios


                                                           RECURSOS LITERARIOS

ALEGORÍA: encadenamiento o sucesión de metáforas.

ANÁFORA: repetición de una o más palabras a comienzo de verso.

ANIMALIZACIÓN: atribuirle características típicas de un animal a algo que no lo es.

ANIMIZACIÓN: atribuirle movimiento o vida a algo que no lo tiene.

ANTAGONISMO o ANTÍTESIS: relación de oposición entre dos términos, ideas, personajes, situaciones.

ALITERACIÓN: repetición sistemática e insistente de un sonido.

CESURA: pausa determinada por la presencia de un signo de puntuación dentro de un verso y que supone la división del mismo en partes relativamente iguales.

COMPARACIÓN: relación de similitud o semejanza entre dos términos (un comparante y un comparado) a través de un nexo comparativo.

ENCABALGAMIENTO: continuación del sentido de un verso en el siguiente.

EUFEMISMO: término empleado para evitar mencionar otro que puede resultar doloroso.

FLASHBACK: técnica que consiste en la mirada al pasado por parte de un personaje o el narrador con el fin de actualizar información.

GRADACIÓN: variación paulatina de una idea, puede ser ascendente o descendente.

HEMISTIQUIO: se denomina así a cada una de las partes resultantes de la presencia de la cesura en un verso.

HIPÉRBATON: alteración del orden lógico gramatical.

HIPÉRBOLE: exageración.

IMAGEN SENSORIAL: representación que se realiza en la mente del lector que apela a alguno de sus sentidos.

LEIT MOTIV: motivo reiterado, idea recurrente.

METÁFORA: traslación del sentido de una idea a otra en la que la primera idea pierde su significado original para adoptar el significado de la segunda idea.

OXIMORON: oposición radical.

PARADOJA: figura que supone una aparente contradicción que no es tal.

PARALELISMO: relación de similitud u oposición entre dos ideas colocadas en forma conjunta.

PARALELISMO SICOCÓSMICO: relación de similitud entre el interior o el sentir de un personaje y las condiciones climáticas del momento.

PARONOMASIA: similitud fonética entre dos palabras las que se diferencian únicamente por una vocal o una consonante.

PERSONIFICACIÓN: atribuirle características humanas a algo que no lo es.

SIMIL: comparación desarrollada o explicada.

SINÉCDOQUE: tomar la parte por el todo.

VOCATIVO:  sustantivo común o propio que se utiliza entre comas en un texto con el objetivo de llamar la atención del interlocutor. Se ubican generalmente al comienzo del enunciado.

El mito

 

¿Qué es un mito?

Se trata de un relato tradicional que forma parte del sistema de creencias de una cultura. De este modo, los mitos buscan explicar el origen del mundo, de los fenómenos naturales, de los valores humanos, de los dioses y de la organización del universo.

Se ubica en un plano distinto del discurso científico o histórico. Opera a través de símbolos, arquetipos y estructuras narrativas universales ligadas al inconsciente colectivo para así otorgar sentido a la existencia.

Desde una perspectiva antropológica, constituye una forma arcaica pero aún viva de pensamiento, que se basa en la analogía y la repetición ritual, y no en la deducción lógica.

Características de los mitos

Carácter sagrado y trascendente

El mito no es profano ni anecdótico, sino que está vinculado con lo sagrado. En muchas culturas se considera una revelación de verdades, transmitidas por los dioses o los ancestros.

Por ello, su narración forma parte de rituales religiosos o festividades. Además, tiene el poder de “recrear” el orden primordial cada vez que se cuenta.

Protagonismo de seres sobrenaturales

Los personajes de los mitos suelen ser dioses, espíritus, monstruos, héroes semidivinos o fuerzas de la naturaleza personificadas.

Estos seres representan fuerzas arquetípicas: el bien y el mal, el caos y el orden, la fertilidad, la guerra, la muerte, etc. Su comportamiento ejemplifica conflictos cósmicos o humanos de forma simbólica.

Muchas veces los mitos relatan las relaciones entre los dioses y los humanos, y cómo esas relaciones definieron el orden del mundo.

Tiempo mítico

El tiempo en que ocurren los mitos no es lineal ni cronológico, sino qu sagrado, circular o eterno. Es un tiempo fundacional: el “gran comienzo”, cuando los dioses actuaron y crearon la realidad.

Por ello, para las culturas tradicionales, el mito no está en el pasado, sino que “sucede siempre” y puede ser revivido simbólicamente en cada rito.

Oralidad y transmisión colectiva

El mito se transmite de generación en generación por medio de la oralidad, lo que permite su adaptación, reelaboración y reinterpretación.

Esto lo hace flexible, pero también profundamente arraigado en la tradición. Esta transmisión fortalece la memoria colectiva y la identidad cultural.

Función explicativa

El mito da sentido a lo que no se puede explicar por medio de la razón o la ciencia, especialmente en las culturas originarias. No sólo explica fenómenos naturales (como el trueno o las estaciones), sino también la existencia del mal, del sufrimiento, del orden social o del destino.

Aunque no ofrece “explicaciones científicas”, proporciona una comprensión simbólica, lo que puede resultar más profundo en ciertos niveles de experiencia humana.

Función normativa

Los mitos transmiten valores, reglas morales, prohibiciones (tabúes) y modelos de conducta. Por ejemplo, el mito de Ícaro advierte sobre los peligros de la desmesura.

En muchas culturas, fundamentan la ley, la jerarquía social, el género, la autoridad religiosa o los roles familiares. Por eso, muchas veces son invocados para justificar tradiciones o resistir el cambio cultural.

Carácter colectivo y universal

El mito no pertenece a un autor individual, sino al imaginario colectivo. Es propiedad de un pueblo, una tribu, una nación o, incluso, de toda la humanidad .

Pese a sus diferencias culturales, estos relatos comparten estructuras universales: héroes que descienden a los infiernos, dioses que mueren y resucitan, diluvios purificadores, árboles sagrados, serpientes sabias o malignas, etc. Esto demuestra que responde a necesidades humanas comunes más allá del tiempo y el lugar.

Relación con los rituales

Muchos veces los mitos no sólo se narran, sino que se escenifican en rituales, como los dramas religiosos, las danzas sagradas o las festividades del calendario agrícola.

El rito no representa el mito, reproduce su eficacia simbólica, permitiendo que la comunidad participe del tiempo sagrado y restablezca el orden cósmico.

En este sentido, mito y rito son inseparables: el primero da sentido al segundo, y el segundo reactualiza al primero.

Tipos de mitos

Aunque los mitos no siempre se pueden clasificar de forma rígida (porque muchos abarcan varios temas a la vez), los especialistas han identificado distintas categorías según el contenido temático y la función simbólica que cumplen.

Cada tipo responde a una necesidad existencial y social distinta.

Mitos cosmogónicos (origen del mundo)

Explican cómo surgió el universo, la tierra, el cielo, los mares y el orden cósmico. Son los relatos fundacionales por excelencia, pues marcan el paso del caos (desorden) al cosmos (orden).

Estas narraciones reflejan el deseo humano de comprender el principio de todo y su lugar en el orden cósmico.

Mitos teogónicos (origen de los dioses)

Se centran en el nacimiento, genealogía y relaciones entre los dioses y entidades sobrenaturales. Así, establecen jerarquías divinas, funciones sagradas y poderes espirituales.

Sirven para justificar las figuras de culto en una religión y los rituales destinados a apaciguar o venerar a ciertos dioses.

Mitos antropogónicos (del origen del ser humano)

Narran cómo fue creado el ser humano, de qué materia, con qué propósito, y muchas veces, explican su destino, fragilidad o su relación con lo divino.

De esta manera, proporcionan identidad espiritual al ser humano, así como permiten explicar sus dones y limitaciones. 

Mitos etiológicos (del origen de fenómenos o costumbres)

Dan razón de por qué existen ciertos hechos, prácticas, lugares y costumbres. Son más localizados y específicos, pero mantienen su carga simbólica y cultural.

Así, legitiman tradiciones, celebraciones, estructuras sociales o paisajes sagrados.

Mitos escatológicos (del fin del mundo o transformaciones catastróficas)

Se centran en el destino final del universo, el juicio de los vivos y los muertos, la destrucción y renovación del mundo. Suelen ser cíclicos, es decir, el mundo termina para volver a comenzar.

Reflejan el miedo humano a la muerte colectiva, pero también la esperanza en una renovación espiritual.

Mitos heroicos (hazañas de héroes culturales)

Relatan la vida, pruebas, viajes y muertes de héroes míticos, hijos de dioses y humanos. Estos personajes median entre el mundo divino y el mundo humano.

Por ello, tienen una función ética y educativa. Representan modelos de conducta, valores como el coraje, la sabiduría o el sacrificio. Los héroes son espejos del alma humana.

Origen de los mitos

El mito surge en las primeras etapas del pensamiento humano como una forma de comprender y dar sentido al mundo. Antes del desarrollo del pensamiento racional, el ser humano necesitaba relatos que le permitieran estructurar la realidad y enfrentar sus temores existenciales: la muerte, el caos, el dolor, el destino.

Así, emergieron como expresiones simbólicas del inconsciente colectivo y como respuestas intuitivas a grandes interrogantes.

Las cosmogonías

 Los mitos cosmogónicos son relatos tradicionales que explican el origen del universo, la Tierra y la humanidad según diferentes culturas.

Son narraciones sagradas que intentan dar sentido a la existencia, describiendo cómo surgió el cosmos a partir del caos, el vacío o alguna entidad primordial.

Estas historias forman parte de las cosmovisiones de los pueblos y están vinculados a sus creencias religiosas, filosóficas y sociales. Se transmiten de generación en generación, conservando la identidad y la memoria colectiva de cada cultura.

1. Mito romano de la creación del mundo

Al principio, el universo era un caos informe, una masa desordenada donde los elementos estaban mezclados en conflicto. No existía el cielo, el mar ni la tierra diferenciados y todo era inestable.

Un dios, o la propia naturaleza, puso orden, separando los elementos. Así, el fuego ascendió al cielo, el aire quedó en medio, la tierra se compactó por su peso y el agua la rodeó. Luego, el creador moldeó la tierra en forma de globo, estableció mares, ríos, montañas y bosques y dividió el mundo en zonas climáticas.

Para equilibrar la creación, dispuso los vientos en distintas regiones y colocó el éter puro sobre todo. Una vez ordenado el cosmos, los astros brillaron y cada elemento recibió sus seres vivos: los cielos, los dioses y las estrellas; el mar, los peces; la tierra, los animales y el aire, las aves.

Finalmente, se creó al hombre, un ser superior, ya sea a partir de un soplo divino o de la tierra mezclada con agua celestial. A diferencia de los animales, el hombre fue dotado de inteligencia y se le concedió la capacidad de mirar al cielo, marcando así su destino distinto y elevado.

Este relato se encuentra en La metamorfosis (8 d. C.) de Ovidio. El mito sintetiza elementos de la tradición griega y los adapta con una visión poética y ordenada del cosmos.

El relato se cruza con otras cosmogonías en la idea del caos primigenio, la imposición de orden por una divinidad y la creación del hombre con un destino especial.

Sin embargo, esta versión enfatiza la armonía y la estructuración del mundo como un acto deliberado de ordenamiento, lo que refleja la visión pragmática y jerárquica de la cultura romana.

2. Creación del mundo y del hombre en la tradición maya

Antes de la existencia de todo, en una noche infinita, se reunieron los creadores, Hurakán, Corazón del Cielo, y Kukulkán, la Serpiente Emplumada. Luego de conversar largo rato, decidieron crear el mundo, que surgió a través de la Palabra. Dijeron "tierra" y se hizo la tierra, dijeron "montaña" y desde las aguas brotaron los montes, y lo mismo sucedió con los árboles y los ríos.

Kukulkán sintió que tenían que animar los espacios con seres que se movieran. Por ello, crearon a los animales: venados, jaguares, pumas, búhos, quetzales y serpientes. Les asignaron dónde vivir y les pidieron hablar, pero no eran capaces, sólo emitían rugidos, graznidos y aullidos.

Así, surgió la idea del ser humano. Tomaron tierra y los moldearon con dos piernas, dos brazos y un rostro alargado. Sin embargo, se derritieron y no alcanzaron a proferir ninguna palabra. Entonces, procedieron a realizar seres de madera que pudieron moverse y hablar. No obstante, eran criaturas vacías y de corazón ingrato que no agradecieron haber sido creados.

Hurakán y Kukulkán se enojaron. Enviaron fuertes vientos y tormentas que arrasaron con todo. Los pocos que lograron sobrevivir, se convirtieron en monos que olvidaron haber sido humanos. Después, los dioses se retiraron, hasta que un tiempo después llegaron un coyote, un zorro, un loro y un cuervo para mostrarles granos amarillos que habían surgido en la tierra. De esta manera, supieron que el maíz sería la carne de la nueva humanidad que podría iluminar el mundo con su lenguaje. Narrado en el Popol Vuh, este mito presenta una serie de elementos simbólicos que lo conectan con otras cosmogonías. No obstante, posee una identidad propia basada en la importancia del lenguaje y la relación con la naturaleza.

Aquí también se explica el origen del hombre. Lo interesante es que los humanos surgieron a base de prueba y error, hasta que los dioses descubrieron el mejor elemento para darle forma a su invención.

El punto central es que la verdadera humanidad sólo es posible cuando se encuentra el equilibrio entre lo divino y lo terrestre, simbolizado en el maíz, el alimento sagrado.

Este relato refleja una visión del mundo donde los dioses, los humanos y la naturaleza están intrínsecamente conectados en un ciclo de creación, destrucción y renovación.

3. Mito de creación del mundo en la cosmovisión guaraní

Al principio solo existía Ñamandú, el Gran Espíritu creador, quien flotaba en el vacío acompañado de la sabiduría, el amor y la palabra. Desde su propio ser, generó la luz primordial y creó su morada en el cielo. Para sostenerse, hizo cuatro columnas sagradas en los puntos cardinales, con las cuales dio estabilidad al universo.

Luego creó el mundo y a los primeros dioses auxiliares: Karai(fuego),Jakairá(aire),Tupã(trueno) y ÑamandúTatá (luz del sol), quienes ayudarían a mantener el equilibrio. Después, formó la Tierra y el agua, estableciendo ríos, montañas y bosques.

Para dar vida al mundo, Ñamandú creó a los primeros humanos, los Abá, a quienes les otorgó alma y lenguaje, asegurando que tuvieran una conexión espiritual con la divinidad. Sin embargo, el equilibrio fue perturbado por la maldad y la desobediencia de ciertos seres, lo que llevó a la primera gran catástrofe.

Como castigo, Tupã envió lluvias y tormentas para purificar la Tierra, en un diluvio que destruyó gran parte de la humanidad. No obstante, algunos sobrevivieron y fueron los ancestros de los guaraníes, quienes recibieron el mandato de buscar la "Tierra sin Mal", un lugar de armonía eterna.

Los guaraníes son un pueblo indígena originario de América del Sur que se extendió desde el Amazonas hasta el Río de la Plata. Hoy en día viven principalmente en Paraguay.

Su mito de la creación presenta una cosmovisión donde la palabra, la naturaleza y la moralidad están profundamente entrelazadas.

Se destaca la importancia del equilibrio, la conexión con los elementos y la constante búsqueda de la "Tierra sin Mal" como un ideal de vida en armonía.

Aunque comparte estructuras con otros mitos cosmogónicos, su énfasis en la relación entre el hombre y la naturaleza lo diferencia, reflejando la espiritualidad de los guaraníes.

4. Mito de la creación del mundo (Japón)

En el principio, el universo era un caos sin forma, una masa informe similar a un océano de niebla. De este caos surgieron los primeros dioses primordiales, quienes poco a poco dieron estructura al cosmos. Sin embargo, eran entidades etéreas y no intervinieron activamente en la creación del mundo.

Con el tiempo, nacieron dos deidades fundamentales: Izanagi eIzanami, encargados de dar forma a la Tierra. Recibieron de los dioses superiores una lanza sagrada adornada con joyas, llamada Ame no Nuboko, con la que removieron las aguas caóticas. Al retirar la lanza, las gotas que cayeron formaron la primera isla: Onogoro.

Izanagi e Izanami descendieron a esta isla y se unieron en matrimonio para continuar con la creación del mundo. De su unión nacieron las islas del archipiélago japonés y posteriormente otras deidades, incluyendo a los dioses del viento, los mares, las montañas y el fuego.

El nacimiento del dios del fuego, Kagutsuchi, fue trágico. Sus llamas hirieron gravemente a Izanami, quien murió y descendió al Yomi, el inframundo.

Devastado, Izanagi intentó rescatarla, pero al verla convertida en un ser putrefacto, huyó horrorizado y selló la entrada al mundo de los muertos con una roca gigante.

Para purificarse tras su visita al Yomi, Izanagi se sumergió en un río y así nacieron las deidades más importantes del panteón sintoísta:

  • Amaterasu, diosa del sol.
  • Tsukuyomi, dios de la luna.
  • Susanoo, dios de las tormentas y el mar.

Amaterasu se convirtió en la gobernante del cielo y su linaje divino daría origen a los emperadores de Japón. El mito de la creación japonés es una historia que combina tragedia y purificación. Se diferencia de otras mitologías al poner énfasis en el concepto de la pureza y la relación entre los dioses y el linaje imperial.

Aunque comparte motivos universales como el caos primordial, la formación del mundo desde un océano primigenio y el descenso al inframundo, su estructura y simbolismo están profundamente ligados a la visión sintoísta del mundo. Así, la armonía, el respeto por la naturaleza y la conexión con lo divino resultan fundamentales.

5. Creación del mundo según los Vikingos

En la mitología nórdica el mundo surge del caos primordial representado por el Ginnungagap, un vasto abismo que existía antes de la creación. A un lado del abismo estaba Muspelheim, el reino del fuego, y al otro Niflheim, el reino del hielo.

Cuando los hielos de Niflheim entraron en contacto con las llamas de Muspelheim se derritieron y de las gotas surgió Ymir, el primer ser, un gigantesco y poderoso jotun (gigante de escarcha). De su sudor nacieron otros gigantes.

Poco después del hielo también emergió Audhumbla, una vaca gigante que con su leche alimentó a Ymir. Audhumbla lamió la escarcha salada hasta revelar a Buri, el primer dios, quien tuvo un hijo llamado Bor, padre de los dioses OdínVili y Vé.

Los dioses, al ver el caos en el que vivían, decidieron acabar con Ymir. Al matarlo, su sangre ahogó a casi todos los gigantes de escarcha, excepto unos pocos que lograron huir. Con su cuerpo, crearon el mundo:

  • Su carne formó la tierra.
  • Su sangre se convirtió en los mares y los ríos.
  • Sus huesos dieron origen a las montañas.
  • Su cráneo formó el cielo, sostenido por cuatro enanos llamados NordriSudriAustri y Vestri. (norte, sur, este y oeste).
  • Su cerebro fue arrojado al aire y se convirtió en las nubes.
  • Sus cejas se usaron para crear Midgard, el mundo de los humanos.

Luego, los dioses tomaron chispas de Muspelheim y las dispusieron en el cielo, creando el sol, la luna y las estrellas.

Para poblar Midgard, Odín y sus hermanos encontraron dos troncos y les dieron vida: Ask y Embla, los primeros humanos. Finalmente, establecieron Asgard, el reino de los dioses, conectándolo con Midgard a través del Bifröst, el puente arcoíris.

El mito nórdico de la creación presenta una visión donde el caos, el sacrificio y la inevitabilidad del destinoson fundamentales.

Comparte con muchas otras culturas la idea de que la creación surge del desorden, de un ser primordial sacrificado y de la interacción entre fuerzas opuestas. Esta narrativa resalta la visión vikinga del mundo como un lugar de lucha constante, donde incluso los dioses están sujetos al destino.

6. Creación del mundo (Egipto)

En la mitología egipcia, la creación del mundo varía según las distintas ciudades y sus deidades principales. Sin embargo, la versión más extendida proviene de la cosmogonía heliopolitana, centrada en el dios Atum.

Al principio, existía solo el Nun, un océano primordial infinito, oscuro y caótico. De este océano emergió Atum, el dios creador, quien se generó a sí mismo. Al estar solo, escupió y de su fluido nacieron Shu (el aire) y Tefnut (la humedad).

Estos dos dioses engendraron a Geb (la tierra) y Nut (el cielo), quienes al principio estaban entrelazados. Sin embargo, Shu los separó, levantando a Nut sobre él y dejando a Geb abajo, estableciendo así el cielo y la tierra.

De la unión de Geb y Nut nacieron cuatro hijos:

  1. Osiris: dios de la fertilidad y el más justo.
  2. Isis: diosa de la magia y la maternidad.
  3. Seth: dios del caos y la destrucción.
  4. Neftis: diosa de la protección y lo oculto.

Así quedó establecido el orden cósmico, donde cada dios desempeñaba su papel en el mantenimiento del equilibrio universal. El mito egipcio de la creación es un relato de orden y equilibrio, en el que el universo surge del caos acuático y se organiza mediante la acción de un dios creador.

Su estructura es similar a otras cosmogonías, especialmente en la separación de cielo y tierra, el nacimiento de deidades a partir de un ser primordial y el establecimiento del orden frente al caos.

La fuerte influencia de la naturaleza egipcia (el Nilo, las estaciones, el desierto) hace que esta narración refleje la importancia de la renovación cíclica. Asimismo, presenta la lucha constante entre el orden y la destrucción.

7. Creación del mundo en la cosmovisión hindú

La cosmogonía hindú presenta múltiples relatos sobre la creación del mundo, pero uno de los más importantes es el del huevo cósmico y Brahma.

Al inicio de los tiempos, sólo existía un océano primordial y un vacío infinito. En este vacío flotaba Hiranyagarbha (el huevo de oro) que contenía el germen del universo. Allí, tras un largo periodo, surgió Brahma, el dios creador. Cuando rompió el huevo, su mitad superior se convirtió en el cielo y la inferior en la tierra.

Luego creó a los dioses, los asuras (seres demoníacos) y los elementos del universo: el sol, la luna, los océanos, los ríos, las montañas y los seres vivos. De su mente nacieron los primeros humanos y de su cuerpo surgieron las castas sociales:

  • De su boca, los brahmanes (sacerdotes).
  • De sus brazos, los kshatriyas (guerreros).
  • De sus muslos, los vaishyas (comerciantes).
  • De sus pies, los shudras (sirvientes).

Otra versión del mito es la del sacrificio de Púrusha, donde el gigante cósmico es desmembrado por los dioses y a partir de su cuerpo se crean el cielo, la tierra, los ríos y los hombres.

También existe la tradición de la tríada (Trimurti), donde:

  • Brahma crea el mundo.
  • Vishnu lo preserva.
  • Shiva lo destruye para dar paso a una nueva creación.

Este ciclo de creación, preservación y destrucción es infinito, lo que refuerza la idea del tiempo cíclico en la filosofía hindú.

El mito de la creación hindú se distingue por su visión cíclica del tiempo, donde el universo es creado, destruido y recreado en un eterno proceso de transformación.

Su estructura tiene similitudes con muchas otras mitologías, especialmente en la presencia del huevo cósmico, el océano primordial y el sacrificio de un ser primigenio.

Sin embargo, su énfasis en los ciclos cósmicos y la importancia de la Trimurti lo hacen único y profundamente ligado a la filosofía del karma y la reencarnación

Características

En general, los mitos cosmogónicos comparten una serie de características en común, sin importar la diferencia de tiempo o espacio entre las culturas.

Explican el origen del mundo

  • Relatan cómo el universo, la naturaleza y los seres humanos fueron creados.
  • Presentan el orden del caos, estableciendo estructuras cósmicas (cielo, tierra, océanos).

Presencia de elementos primordiales

  • Los mitos comienzan con la idea de un vacío, caos, océano o huevo.

Intervención de seres divinos o sobrenaturales

  • Dioses creadores, demiurgos o fuerzas primordiales dan forma al universo.
  • En algunos relatos, los dioses emergen del caos y crean el mundo.

Uso de la palabra

  • La creación puede darse a través del verbo divino o puede ocurrir mediante un acto divino, como el sacrificio de un ser primordial.

Creación del ser humano

  • En muchos mitos, la humanidad es creada como un acto especial de los dioses. El material de creación varía, pueden ser partes de un dios o ser primordial, así como elementos como madera, maíz o barro

Relación con la estructura del cosmos

  • Explican la separación entre cielo, tierra e inframundo.
  • Introducen conceptos como los cuatro elementos (agua, tierra, fuego y aire) o la jerarquía de los seres vivos.

lunes, 2 de marzo de 2026

La literatura griega

 -predominio de la narración.

-objetividad: no interviene el narrador.

-falta de verosimilitud.

-escasas descripciones.

-los personajes se conocen por los efectos producidos en los demás.

-no hay penetración sicológica.

-frecuente uso de comparaciones (comparando hechos o actitudes de los personajes).

-referencia permanente a la vida cotidiana.

-oralidad: la literatura no era escrita sino recitada por un aedo el cual memorizaba la obra a fuerza de repetirla; se acompañaba con un instrumento musical (lira).


Características de "La Ilíada"

 -unidad de acción (plantea un conflicto,lo desarrolla y lo resuelve).

-visión realista del mundo.

-frecuente uso de imágenes visuales y auditivas.

-acción rápida.

-los personajes se manifiestan en la acción.

-el narrador busca conmover al espectador.

-introducción de escenas cómicas a modo de descanso en medio o luego de una situación tensa.

-los personajes son presentados por rasgos generales y matizados.

-frecuente uso de contrastes.

-uso del tiempo: cronológico, formas rápidas y lentas, referencias al pasado no escrito, anticipos.

-a los personajes se los descubre a través de sus acciones sin intervención del narrador. En ocasiones, un personaje se refiere a otro antes de que aparezca.

-los dioses se muestran en situaciones cómicas; son objeto de burla.

-frecuente uso de epítetos (breve oración que acompaña siempre al nombre de un personaje importante, esa oración lo destaca o describe, resalta un rasgo diferenciador). Ej:

Agamenón, rey de hombres

Helena, de los brazos blancos

Aquiles, el de los pies ligeros.

"Ilíada " canto I texto

 Canto I

Canta, oh, diosa(1), la cólera del pelida(2) Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos(3) y precipitó al Hades(4) muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus(5)— desde que se enemistaron el atrida(6), rey de hombres, y el divino Aquiles.

¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la contienda para que pelearan? El hijo de Zeus y de Leto(7). Éste, airado con el rey por el ultraje que el atrida infiriera al sacerdote Crises(8), suscitó en el ejército maligna peste y los hombres perecían.

Deseando redimir a su hija, Crises se había presentado en las veleras naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas del flechador Apolo, que pendían de áureo cetro, en la mano; y a todos los aqueos, y particularmente a los dos atridas, caudillos de pueblos, así les suplicaba:

—¡Atridas y demás aqueos de hermosas grebas(9)! Los dioses, que poseen olímpicos palacios, os permitan destruir la ciudad de Príamo(10) y regresar felizmente a la patria. Poned en libertad a mi hija y recibid el rescate, venerando al hijo de Zeus, al flechador Apolo.

Todos los aqueos aprobaron a voces que se respetase al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate, mas el atrida Agamenón, a quien no plugo el acuerdo, le mandó enhoramala con amenazador lenguaje:

—Que yo no te encuentre, anciano, cerca de las cóncavas naves, ya porque demores tu partida, ya porque vuelvas luego; pues quizás no te valgan el cetro y las ínfulas del dios. A aquélla no la soltaré; antes le sobrevendrá la vejez en mi casa, en Argos, lejos de su patria, trabajando en el telar y compartiendo mi lecho. Pero vete; no me irrites, para que puedas irte sano y salvo.

Así dijo. El anciano sintió temor y obedeció el mandato. Sin desplegar los labios, fuese por la orilla del estruendoso mar, y en tanto se alejaba, dirigía muchos ruegos al soberano Apolo, hijo de Leto, la de hermosa cabellera:

—¡Óyeme, tú que llevas arco de plata, proteges a Crisa y a la divina Cila(11), e imperas en Tendeos(12) poderosamente! ¡Oh, Esmintio(13)! Si alguna vez adorné tu gracioso templo o quemé en tu honor pingües muslos de toros o de cabras, cúmpleme este voto: ¡Paguen los dánaos(14) mis lágrimas con tus flechas!

Tal fue su plegaria. Oyóla Febo Apolo, e, irritado en su corazón, descendió de las cumbres del Olimpo con el arco y el cerrado carcaj en los hombros; las saetas resonaron sobre la espalda del enojado dios, cuando comenzó a moverse. Iba parecido a la noche. Sentóse lejos de las naves, tiró una flecha, y el arco de plata dio un terrible chasquido. Al principio el dios disparaba contra los mulos y los ágiles perros; mas luego dirigió sus mortíferas saetas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de cadáveres.

Aquiles
El actor Brad Pitt como Aquiles en el filme "Troya".

Durante nueve días volaron por el ejército las flechas del dios. En el décimo, Aquiles convocó al pueblo a junta: se lo puso en el corazón Hera, la diosa de los níveos brazos, que se interesaba por los dánaos, a quienes veía morir. Acudieron éstos y, una vez reunidos, Aquiles, el de los pies ligeros, se levantó y dijo:

—¡Atrida! Creo que tendremos que volver atrás, yendo otra vez errantes, si escapamos de la muerte; pues si no, la guerra y la peste unidas acabarán con los aqueos. Mas, ea, consultemos a un adivino, sacerdote o intérprete de sueños —también el sueño procede de Zeus(15)— para que nos diga por qué se irritó tanto Febo Apolo: si está quejoso con motivo de algún voto o hecatombe, y si quemando en su obsequio grasa de corderos y de cabras escogidas, querrá apartar de nosotros la peste y la muerte tan odiada(16).

Cuando así hubo hablado, se sentó. Levantóse Calcante Testórida, el mejor de los augures —conocía lo presente, lo futuro y lo pasado, y había guiado las naves aqueas hasta Ilión(17) por medio del arte adivinatoria que le diera Febo Apolo— y benévolo les arengó diciendo:

—¡Oh, Aquiles, caro a Zeus! Me mandas explicar la cólera del dios del flechador Apolo. Pues bien, hablaré; pero antes declara y jura que estás pronto a defenderme de palabra y de obra, pues temo irritar a un varón que goza de gran poder entre los argivos todos y es obedecido por los aqueos. Un rey es más poderoso que el inferior contra quien se enoja; y si en el mismo día refrena su ira, guarda luego rencor hasta que logra ejecutarlo en el pecho de aquél. Di tu si me salvarás.

Respondióle Aquiles, el de los pies ligeros:

— Manifiesta, deponiendo todo temor, el vaticinio que sabes, pues, ¡por Apolo, caro a Zeus, a quien tú, oh, Calcante, invocas siempre que revelas los oráculos a los dánaos!, ninguno de ellos pondrá en ti sus pesadas manos, junto a las cóncavas naves, mientras yo viva y vea la luz acá en la tierra, aunque hablares de Agamenón, que al presente blasona de ser el más poderoso de los aqueos todos.

Entonces cobró ánimo y dijo el eximio vate:

—No está el dios quejoso con motivo de algún voto o hecatombe, sino a causa del ultraje que Agamenón ha inferido al sacerdote, a quien no devolvió la hija ni admitió el rescate. Por esto el Flechador nos causó males y todavía nos causará otros. Y no librará a los dánaos de la odiosa peste, hasta que sea restituida a su padre, sin premio ni rescate, la moza de ojos vivos, e inmolemos en Crisa una sacra hecatombe. Cuando así le hayamos aplacado, renacerá nuestra esperanza.

Dichas estas palabras, se sentó. Levantóse al punto el poderoso héroe Agamenón atrida, afligido, con las negras entrañas llenas de cólera y los ojos parecidos al relumbrante fuego; y encarando a Calcante la torva vista, exclamó:

—¡Adivino de males! Jamás me has anunciado nada grato(18). Siempre te complaces en profetizar desgracias y nunca dijiste ni ejecutaste cosa buena. Y ahora, vaticinando ante los dánaos, afirmas que el Flechador les envía calamidades porque no quise admitir el espléndido rescate de la joven Criseida, a quien deseaba tener en mi casa. La prefiero, ciertamente, a Clitemnestra, mi legítima esposa, porque no le es inferior ni en el talle, ni en el natural, ni en inteligencia, ni en destreza(19). Pero, aun así y todo, consiento en devolverla, si esto es lo mejor; quiero que el pueblo se salve, no que perezca. Pero preparadme pronto otra recompensa, para que no sea yo el único argivo que se quede sin tenerla; lo cual no parecería decoroso. Ved todos que se me va de las manos la que me había correspondido.

Replicóle el divino Aquiles el de los pies ligeros:

—¡Atrida gloriosísimo, el más codicioso de todos! ¿Cómo pueden darte otra recompensa los magnánimos aqueos? No sé que existan en parte alguna cosas de la comunidad, pues las del saqueo de las ciudades están repartidas, y no es conveniente obligar a los hombres a que nuevamente las junten. Entrega ahora esa joven al dios y los aqueos te pagaremos el triple o el cuádruple, si Zeus nos permite tomar la bien amurallada ciudad de Troya.

Díjole en respuesta el rey Agamenón:

—Aunque seas valiente, deiforme Aquiles, no ocultes tu pensamiento, pues ni podrás burlarme ni persuadirme. ¿Acaso quieres, para conservar tu recompensa, que me quede sin la mía, y por esto me aconsejas que la devuelva? Pues, si los magnánimos aqueos me dan otra conforme a mi deseo para que sea equivalente... Y si no me la dieren, yo mismo me apoderaré de la tuya o de la de Ayante, o me llevaré la de Odiseo(20), y montará en cólera aquel a quien me llegue. Mas sobre esto deliberaremos otro día. Ahora, ea, botemos una negra nave al mar divino, reunamos los convenientes remeros, embarquemos víctimas para una hecatombe y a la misma Criseida, la de hermosas mejillas, y sea capitán cualquiera de los jefes: Ayante, Idomeneo, el divino Odiseo o tú, Pelida, el más portentoso de los hombres, para que aplaques al Flechador con sacrificios.

Mirándole con torva faz, exclamó Aquiles, el de los pies ligeros:

—¡Ah, impudente y codicioso! ¿Cómo puede estar dispuesto a obedecer tus órdenes ni un aqueo siquiera, para emprender la marcha o para combatir valerosamente con otros hombres? No he venido a pelear obligado por los belicosos teucros, pues en nada se me hicieron culpables —no se llevaron nunca mis vacas ni mis caballos, ni destruyeron jamás la cosecha en la fértil Ptía(21), criadora de hombres, porque muchas umbrías montañas y el ruidoso mar nos separan— sino que te seguimos a ti, grandísimo insolente, para darte el gusto de vengaros de los troyanos a Menelao(22) y a ti, cara de perro. No fijas en esto la atención, ni por ello te preocupas y aún me amenazas con quitarme la recompensa que por mis grandes fatigas me dieron los aqueos. Jamás el botín que obtengo iguala al tuyo cuando éstos saquean alguna populosa ciudad teucra(23): aunque la parte más pesada de la impetuosa guerra la sostienen mis manos, tu recompensa, al hacerse el reparto, es mucho mayor y yo vuelvo a mis naves, teniéndola pequeña, pero grata, después de haberme cansado en el combate. Ahora me iré a Ptía, pues lo mejor es regresar a la patria en las cóncavas naves: no pienso permanecer aquí sin honra para proporcionarte ganancia y riqueza.

Contestó el rey de hombres Agamenón:

—Huye, pues, si tu ánimo a ello te incita; no te ruego que por mí te quedes; otros hay a mi lado que me honrarán, y especialmente el próvido Zeus. Me eres más odioso que ningún otro de los reyes, alumnos de Zeus, porque siempre te han gustado las riñas, luchas y peleas. Si es grande tu fuerza un dios te la dio. Vete a la patria llevándote las naves y los compañeros, y reina sobre los mirmidones; no me cuido de que estés irritado, ni por ello me preocupo, pero te haré una amenaza: Puesto que Febo Apolo me quita a Criseida, la mandaré en mi nave con mis amigos; y encaminándome yo mismo a tu tienda, me llevaré a Briseida, la de hermosas mejillas, tu recompensa, para que sepas cuanto más poderoso soy y otro tema decir que es mi igual y compararse conmigo.

Iliada009
Escena de "Troya": Aquiles y Briseida.

Tal dijo. Acongojóse el Pelida, y dentro del velludo pecho su corazón discurrió dos cosas: o, desnudando la aguda espada que llevaba junto al muslo, abrirse paso y matar al Atrida, o calmar su cólera y reprimir su furor. Mientras tales pensamientos revolvía en su mente y en su corazón y sacaba de la vaina la gran espada, vino Atenea del cielo: envióla Hera(24), la diosa de los níveos brazos, que amaba cordialmente a entrambos y por ellos se preocupaba. Púsose detrás del Pelida y le tiró de la blonda cabellera, apareciéndose a él tan sólo; de los demás, ninguno la veía. Aquiles, sorprendido, volvióse y al instante conoció a Palas Atenea, cuyos ojos centelleaban de un modo terrible. Y hablando con ella, pronunció estas aladas palabras:

—¿Por qué, hija de Zeus, que lleva la égida, has venido nuevamente? ¿Acaso para presenciar el ultraje que me infiere Agamenón, hijo de Atreo? Pues te diré lo que me figuro que va a ocurrir: Por su insolencia perderá pronto la vida.

Díjole Atenea, la diosa de los brillantes ojos:

— Vengo del cielo para apaciguar tu cólera, si obedecieres; y me envía Hera, la diosa de los níveos brazos, que os ama cordialmente a entrambos y por vosotros se preocupa. Ea, cesa de disputar, no desenvaines la espada e injúriale de palabra como te parezca. Lo que voy a decir se cumplirá: por este ultraje se te ofrecerán un día triples y espléndidos presentes. Domínate y obedécenos.

Contestó Aquiles, el de los pies ligeros:

— Preciso es, oh, diosa hacer lo que mandáis aunque el corazón esté muy irritado. Obrar así es lo mejor. Quien a los dioses obedece, es por ellos muy atendido.

Dijo; y, puesta la robusta mano en el argénteo puño, envainó la enorme espada y no desobedeció la orden de Atenea. La diosa regresó al Olimpo, al palacio en que mora Zeus, que lleva la égida, entre las demás deidades.

El hijo de Peleo, no amainando en su ira, denostó nuevamente al atrida con injuriosas voces:

—¡Borracho, que tienes cara de perro y corazón de ciervo! Jamás te atreviste a tomar las armas con la gente del pueblo para combatir, ni a ponerte en emboscada con los más valientes aqueos; ambas cosas te parecen la muerte. Es, sin duda, mucho mejor arrebatar los dones, en el vasto campamento de los aqueos, a quien te contradiga. Rey devorador de tu pueblo, porque mandas a hombres abyectos...; en otro caso, atrida, éste fuera tu último ultraje. Otra cosa voy a decirte y sobre ella prestaré un gran juramento: Sí, por este cetro, que ya no producirá hojas ni ramos, pues dejó el tronco en la montaña; ni reverdecerá, porque el bronce lo despojó de las hojas y de la corteza, y ahora lo empuñan los aqueos que administran justicia y guardan las leyes de Zeus (grande será para ti este juramento). Algún día los aquivos todos echarán de menos a Aquiles(25), y tú, aunque te aflijas, no podrás socorrerles cuando sucumban y perezcan a manos de Héctor(26), matador de hombres. Entonces desgarrarás tu corazón, pesaroso por no haber honrado al mejor de los aqueos.

Así se expresó el Pelida; y tirando a tierra el cetro tachonado con clavos de oro, tomó asiento. El atrida, en el opuesto lado, iba enfureciéndose. Pero levantóse Néstor, suave en el hablar, elocuente orador de los pilios(27), de cuya boca las palabras fluían más dulces que la miel —había visto perecer dos generaciones de hombres de voz articulada que nacieron y se criaron con él en la divina Pilos y reinaba sobre la tercera— y benévolo les arengó diciendo:

—¡Oh, dioses! Qué motivo de pesar tan grande para Acaya(28), la tierra aquea! Alegraríanse Príamo y sus hijos, y regocijaríanse los demás troyanos en su corazón, si oyeran las palabras con que disputáis vosotros, los primeros de los dánaos lo mismo en el consejo que en el combate. Pero dejaos convencer, ya que ambos sois más jóvenes que yo.

En otro tiempo traté con hombres aún más esforzados que vosotros, y jamás me desdeñaron. No he visto todavía ni veré hombre como Piritoo(29), Driante, pastor de pueblos; Ceneo, Exadio, Polifemo, igual a un dios, y Teseo Egida, que parecía un inmortal. Criáronse éstos los más fuertes de los hombres; muy fuertes eran y con otros muy fuertes combatieron: con los montaraces Centauros, a quienes exterminaron de un modo estupendo. Y yo estuve en su compañía —habiendo acudido desde Pilos, desde lejos, desde esa apartada tierra, porque ellos mismos me llamaron— y combatí según mis fuerzas. Con tales hombres no pelearía ninguno de los mortales que hoy pueblan la tierra(30); no obstante lo cual, seguían mis consejos y escuchaban mis palabras. Prestadme también vosotros obediencia, que es lo mejor que podéis hacer. Ni tú, aunque seas valiente, le quites la moza, sino déjasela, puesto que se la dieron en recompensa los magnánimos aqueos, ni tú, Pelida, quieras altercar de igual a igual con el rey, pues jamás obtuvo honra como la suya ningún otro soberano que usara cetro y a quien Zeus diera gloria. Si tú eres más esforzado, es porque una diosa te dio a luz; pero éste es más poderoso, porque reina sobre mayor número de hombres(31). Atrida, apacigua tu cólera; yo te suplico que depongas la ira contra Aquiles, que es para todos los aqueos un fuerte antemural en el pernicioso combate.

Respondióle el rey Agamenón:

— Sí, anciano, oportuno es cuanto acabas de decir. Pero este hombre quiere sobreponerse a todos los demás; a todos quiere dominar, a todos gobernar, a todos dar órdenes, que alguien, creo, se negará a obedecer. Si los sempiternos dioses le hicieron belicoso, ¿le permiten por esto proferir injurias?

Interrumpiéndole, exclamó el divino Aquiles:

—Cobarde y vil podría llamárseme si cediera en todo lo que dices; manda a otros, no me des órdenes, pues yo no pienso obedecerte. Otra cosa te diré que fijarás en la memoria: No he de combatir con estas manos por la moza, ni contigo, ni con otro alguno, pues al fin me quitáis lo que me disteis; pero de lo demás que tengo cabe a la veloz nave negra, nada podrías llevarte tomándolo contra mi voluntad. Y si no, ea, inténtalo, para que éstos se enteren también; presto tu negruzca sangre correría en torno de mi lanza.

Después de altercar así con encontradas razones, se levantaron y disolvieron la junta que cerca de las naves aqueas se celebraba. El hijo de Peleo fuese hacia sus tiendas y sus bien proporcionados bajeles con Patroclo(32) y otros amigos. El atrida botó al mar una velera nave, escogió veinte remeros, cargó las víctimas de la hecatombe, para el dios, y conduciendo a Criseida, la de hermosas mejillas, la embarcó también; fue capitán el ingenioso Odiseo(33).

Así que se hubieron embarcado, empezaron a navegar por la líquida llanura. El atrida mandó que los hombres se purificaran, y ellos hicieron lustraciones, echando al mar las impurezas, y sacrificaron en la playa hecatombes perfectas de toros y de cabras en honor de Apolo. El vapor de la grasa llegaba al cielo, enroscándose alrededor del humo.

En tales cosas ocupábase el ejército. Agamenón no olvidó la amenaza que en la contienda hiciera a Aquiles, y dijo a Taltibio y Euríbates, sus heraldos y diligentes servidores:

—Id a la tienda del Pelida Aquiles, y asiendo de la mano a Briseida(34), la de hermosas mejillas traedla acá; y si no os la diere, iré yo con otros a quitársela y todavía le será más duro.

Hablándoles de tal suerte y con altaneras voces, los despidió. Contra su voluntad fuéronse los heraldos por la orilla del estéril mar, llegaron a las tiendas y naves de los mirmidones, y hallaron al rey cerca de su tienda y de su negra nave. Aquiles, al verlos, no se alegró. Ellos se turbaron, y haciendo una reverencia, paráronse sin decir ni preguntar nada. Pero el héroe lo comprendió todo y dijo:

—¡Salud, heraldos, mensajeros de Zeus y de los hombres! Acercaos; pues para mí no sois vosotros los culpables, sino el atrida Agamenón, que os envía por la joven Briseida. ¡Ea, Patroclo(35), de jovial linaje! Saca la moza y entrégala para que se la lleven. Sed ambos testigos ante los bienaventurados dioses, ante los mortales hombres y ante ese rey cruel, si alguna vez tienen los demás necesidad de mí para librarse de funestas calamidades; porque él tiene el corazón poseído de furor y no sabe pensar a la vez en lo futuro y en lo pasado, a fin de que los aqueos se salven combatiendo junto a las naves.

De tal modo habló. Patroclo, obedeciendo a su amigo, sacó de la tienda a Briseida, la de hermosas mejillas, y la entregó para que se la llevaran(36). Partieron los heraldos hacia las naves aqueas, y la mujer iba con ellos de mala gana. Aquiles rompió en llanto, alejóse de los compañeros, y sentándose a orillas del espumoso mar con los ojos clavados en el ponto inmenso y las manos extendidas, dirigió a su madre(37) muchos ruegos:

Iliada010
Aquiles y su madre, Tetis, del filme "Troya".

—¡Madre! Ya que me pariste de corta vida, el olímpico Zeus altitonante debía honrarme y no lo hace en modo alguno. El poderoso Agamenón atrida me ha ultrajado, pues tiene mi recompensa, que él mismo me arrebató.

Así dijo llorando. Oyóle la veneranda madre desde el fondo del mar, donde se hallaba a la vera del padre anciano, e inmediatamente emergió, como niebla, de las espumosas ondas, sentóse al lado de aquél, que lloraba, acaricióle con la mano y le habló de esta manera:

—¡Hijo! ¿Por qué lloras? ¿Qué pesar te ha llegado al alma? Habla; no me ocultes lo que piensas, para que ambos lo sepamos.

Dando profundos suspiros, contestó Aquiles, el de los pies ligeros:
—Lo sabes. ¿A qué referirte lo que ya conoces?(38) Fuimos a Tebas, la sagrada ciudad de Eetión; la saqueamos, y el botín que trajimos se lo distribuyeron equitativamente los aqueos, separando para el atrida a Criseida, la de hermosas mejillas. Luego, Crises, sacerdote del flechador Apolo, queriendo redimir a su hija, se presentó en las veleras naves aqueas con inmenso rescate y las ínfulas del flechador Apolo, que pendían del áureo cetro, en la mano; y suplicó a todos los aqueos, y particularmente a los dos atridas, caudillos de pueblos. Todos los aqueos aprobaron a voces que se respetase al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate; mas el atrida Agamenón, a quien no plugo el acuerdo, le mandó enhoramala con amenazador lenguaje. El anciano se fue irritado; y Apolo, accediendo a sus ruegos, pues le era muy querido, tiró a los argivos funesta saeta: morían los hombres unos en pos de otros, y las flechas del dios volaban por todas partes en el vasto campamento de los aqueos. Un sabio adivino nos explicó el vaticinio del Flechador, y yo fui el primero en aconsejar que se aplacara al dios. El atrida encendióse en ira y, levantándose, me dirigió una amenaza que ya se ha cumplido. A aquélla, los aqueos de ojos vivos la conducen a Crisa en velera nave con presentes para el dios, y a la hija de Briseo que los aqueos me dieron, unos heraldos se la han llevado ahora mismo de mi tienda. Tú, si puedes, socorre a tu buen hijo; ve al Olimpo y ruega a Zeus, si alguna vez llevaste consuelo a su corazón con palabras o con obras. Muchas veces hallándonos en el palacio de mi padre, oí que te gloriabas de haber evitado, tú sola entre los inmortales, una afrentosa desgracia al Cronión, que amontona las sombrías nubes, cuando quisieron atarle otros dioses olímpicos, Hera, Poseidón y Palas Atenea. Tú, oh, diosa, acudiste y le libraste de las ataduras, llamando al espacioso Olimpo al centímano a quien los dioses nombran Briareo(39) y todos los hombres Egeón, el cual es superior en fuerza a su mismo padre, y se sentó entonces al lado de Zeus, ufano de su gloria; temiéronle los bienaventurados dioses y desistieron de su propósito. Recuérdaselo, siéntate junto a él y abraza sus rodillas: quizá decida favorecer a los teucros y acorralar a los aqueos, que serán muertos entre las popas, cerca del mar, para que todos disfruten de su rey y comprenda el poderoso Agamenón atrida la falta que ha cometido no honrando al mejor de los aqueos.

Respondióle Tetis, derramando lágrimas:

— ¡Ay, hijo mío! ¿Por qué te he criado, si en hora aciaga te di a luz? ¡Ojalá estuvieras en las naves sin llanto ni pena, ya que tu vida ha de ser corta(40), de no larga duración! Ahora eres juntamente de breve vida y el más infortunado de todos. Con hado funesto te parí en el palacio. Yo misma iré al nevado Olimpo y hablaré a Zeus, que se complace en lanzar rayos, por si se deja convencer. Tú quédate en las naves de ligero andar, conserva la cólera contra los aqueos y abstente por completo de combatir.
Ayer fuese Zeus al Océano, al país de los probos etíopes, para asistir a un banquete, y todos los dioses le siguieron(41). De aquí a doce días volverá al Olimpo. Entonces acudiré a la morada de Zeus, sustentada en bronce; le abrazaré las rodillas, y espero que lograré persuadirle.

Dichas estas palabras partió, dejando a Aquiles con el corazón irritado a causa de la mujer de bella cintura que violentamente y contra su voluntad le habían arrebatado.