domingo, 1 de marzo de 2026

Simbolismo y "Las flores del mal" de Charles Baudelaire

 SIMBOLISMO

   
    El simbolismo fue un movimiento literario que se desarrolló fundamentalmente en París, en las dos últimas décadas del siglo XIX, y congregó a importantes artistas de distintos países europeos. Para algunos autores es sólo un post romanticismo, pero son bastante diferentes. El simbolismo incorpora elementos modernistas y decadentistas para construir su estética, y plantea una postura contraria a los nacionalismos literarios. Habrá de mostrar a los poetas de fin de siglo y de principios del siglo XX un universo sobrenatural, de misterio, desconocido para los profanos, que sólo lo pueden vislumbrar a través de los poetas “videntes”. El principal representante de esta corriente, el poeta Stephen Mallarmé, dirá en 1862: “toda cosa sagrada que quiere mantenerse se envuelve en el misterio”. El simbolista no busca expresar la realidad, sino trascenderla. El mundo real es símbolo de otra cosa que está más allá de lo sensible. Se aplica el idealismo filosófico a la literatura: cada cosa es un símbolo, manifestación de algo oculto. Los objetos están vinculados, a pesar de sus múltiples apariencias, por ecos, analogías, correspondencias. El poeta es quien debe relacionar esos dos mundos: el sensible y el trascendente. Como antecedente del Simbolismo, en el poema “Correspondencias” de Baudelaire se plantea la unidad de la creación, la correspondencia entre el mundo espiritual y el material por medio de símbolos que conforman una analogía universal.
    Los simbolistas tienen una gran preocupación por el lenguaje, y su influencia será decisiva en el siglo XX, aun entre aquellos que reaccionaron contra ellos. Formalmente, la suya es una poesía que explorará la sonoridad del verso, pues “la poesía es música ante todo”. Por ello la palabra habrá de tener un valor mágico, pues a través de ella se aprehende la realidad y se la devela. El Simbolismo significó una revolución en la versificación, que habría de culminar en el verso libre.


    Baudelaire se encuentra entre los precursores del Simbolismo, aquellos que de alguna manera posibilitaron su surgimiento, aunque sin integrarlo. Son similares su uso del símbolo poético, la sugestión musical de sus versos y su sentido del misterio, que plantea al poema como un enigma cuya llave debe encontrar el lector.
    Otras características simbolistas son la búsqueda de la melodía, la renovación del vocabulario, la liberación de las palabras de la lógica prosaica. El poeta debe hablar del efecto y no de la cosa en sí: “el verso no debe componerse de palabras, sino de intenciones, y todas las palabras se borrarán ante la sensación”. “Nombrar un objeto es suprimir las tres cuartas partes del placer del poema, que consiste en la felicidad de volverse tal poco a poco; sugerir, he ahí el sueño”. Se busca proceder por analogías, lo que está ligado a la búsqueda de correspondencias ya mencionada. El poeta recibe infinidad de palabras y de imágenes que le dictan espontáneamente su imaginación o el mundo exterior. Hay que combinarlas entre sí y hacerles surgir sus analogías.
    Algunos simbolistas fueron vistos como los “poetas malditos”, por su humor frío y cruel, su uso del terror como recurso literario y su gusto por lo fantástico, lo esotérico, lo metafísico. La poesía sería como un puente al conocimiento metafísico.
     Los principales poetas simbolistas fueron Mallarmé, Paul Verlaine y Arthur Rimbaud.


        “LAS FLORES DEL MAL”

   Baudelaire no pertenece en particular a una sola de las corrientes antes desarrolladas: él se anticipa a su tiempo, a la vez pertenece a él y lo supera, y resulta por esencia indefinible, imposible de encasillar en una corriente o movimiento determinado. Su poesía es la base para la poesía de todo el siglo XX, y por ello estudiaremos algunos aspectos de su obra más importante.
    Publicada en 1857, esta obra tuvo como antecedente la publicación en 1851 de once poemas del autor en un periódico, bajo el título “Los limbos”, que sería el primitivo nombre de “Las flores del mal”. Con este último título se publicaría en 1855 un conjunto de dieciocho poemas, en una revista.
     La obra está dedicada a Gautier, y de inmediato suscitó el escándalo por su temática, a tal punto que la justicia inculpó a Baudelaire de atentado a la moral pública y la edición fue requisada. En 1861 aparece la segunda edición, con 35 poemas nuevos y la estructura definitiva que a partir de ahí conservará. Baudelaire al principio concibió a la obra dividida en tres partes que sumaran cien poemas, en evidente relación con la “Divina comedia”, pero luego modificó esto, si bien insiste en que se trata de un todo orgánico, no la simple suma de sus partes. No son los suyos poemas para la mayoría de los lectores, ni alcanzaron gran difusión hasta el siglo XX. Su temática es en general ciudadana, es una poesía de corte filosófico, muchas veces hermética en sus contenidos.
    Este libro está estructurado de modo tal que cada composición vale por sí misma, pero además por su relación con el conjunto. Según Banville: “Desde el punto de vista del arte y de la sensación estética, perderían mucho al no ser leídos en el orden que el poeta, que sabe lo que hace, los ha colocado”.
   La obra está dividida en seis secciones:

1)      SPLEEN E IDEAL: es la más extensa y expresa la condición humana de Baudelaire. El poeta, a través del amor y del tedio, llega a la conciencia en el mal.

2)      CUADROS PARISINOS: el poeta contempla la ciudad y sus habitantes, deja de ser el hurgador de sí mismo para adoptar la condición de testigo de las calles de París, descubre en el exterior el reflejo del problema esencial de la condición humana: el mal.

3)      EL VINO: es un intento de huída a los paraísos artificiales que no puede conducir sino al fracaso.

4)      LAS FLORES DEL MAL son doce poemas, que se constituyen en los apóstoles del mal.

5)      REBELIÓN: después de haber optado por el mal, el poeta ha optado por el jefe del mal: el Diablo.

6)      LA MUERTE: Muerte de los protagonistas y comienzo del gran viaje más allá de la vida, hacia lo nuevo.  
  
 Apuntes del prólogo de “Las flores del mal” ,Edmundo Gómez Mango, Ediciones Banda Oriental y  Manual 19: “Baudelaire”, Rogelio Mirza, Editorial Técnica.

"Una carroña" Charles Baudelaire

 Recuerda el objeto que vimos, mi alma,

aquella hermosa mañana de tan dulce verano

en un recodo del camino una carroña infame

en un lecho sembrado de guijarros,


con las piernas al aire, como una mujer lúbrica

ardiendo y sudando venenos,

abría de un modo indolente y cínico

su vientre lleno de exhalaciones.


El sol resplandecía sobre esa podredumbre,

como para cocinarla a punto,

y devolver a la gran naturaleza, centuplicado,

lo que ella había reunido.


Y el cielo miraba la osamenta espléndida

abrirse como una flor.

El hedor era tan fuerte que en la hierba

tú creíste desfallecer.


Las moscas zumbaban en el vientre pútrido,

de donde salían negros ejércitos

de larvas que corrían como un espeso líquido

a lo largo de esos harapos vivientes.


Todo eso bajaba, subía como una ola,

o se lanzaba burbujeando;

parecía que el cuerpo henchido por un soplo vago, 

vivía multiplicándose.


Y el mundo exhalaba una música extraña, 

como el agua que corre y el viento,

o el grano que el cribador como rítmico movimiento

agita y mezcla en su tamiz.


Las formas se desdibujaban y no eran más que un sueño,

un esbozo lento en llegar

a la tela olvidada y que el artista termina

solo con el recuerdo.


Detrás de las rocas una perra inquieta

nos miraba con enojo,

acechando el momento de arrancar al esqueleto

el trozo que había soltado.


Y sin embargo serás semejante a esa basura,

a esa horrible infección,

estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,

¡Tú, mi ángel y mi pasión!


Si, eso serás, oh la reina de las gracias,

después de los últimos sacramentos,

cuando vayas, bajo la hierba y las ricas flores,

a enmohecer entre los esqueletos.


Entonces, ¡oh mi beldad! dí a los gusanos

que te comerán a besos,

¡que yo he conservado la forma y la esencia divina

de mis amores en descomposición!


"El albatros" Charles Baudelaire

                                             El albatros

A menudo, para divertirse, los marineros

capturan albatros, vastos pájaros marinos,

que siguen, indolentes compañeros de viaje,

al navío deslizándose sobre amargos abismos.


Apenas los han depositado en la cubierta,

estos reyes del azul, torpes y vergonzosos,

dejan, como remos, sus grandes alas blancas,

arrastrar lastimosamente a su lado.


Ese viajero alado qué desmañado y débil es!

Qué cómico y feo, él antes tan hermoso!

Uno irrita su pico con una corta pipa,

otro remeda, cojeando al inválido que volaba!


El poeta se asemeja al príncipe de las nubes

que frecuenta la tormenta y se burla del arquero;

exiliado en la tierra en medio de abucheos,

sus alas de gigante le impiden caminar.







miércoles, 25 de febrero de 2026

Propuestas de escritura creativa

 Elige dos de las siguientes opciones y desarrolla:

: Elabora un relato corto que describa las aventuras y los dilemas morales de una persona que descubre que tiene un super poder.

Crea una versión moderna de un cuento infantil tradicional.

Imagina un final alternativo a una historia que conozcas.

Agrega un personaje diferente a un cuento, que genere un cambio en la historia.

Inventa una historia a partir de una pintura, escultura u obra de arte a tu elección. Cuenta algo que se desprenda de esa obra.

Elige un comienzo y desarrolla la historia: "un día se oscureció el cielo porque el sol desapareció, entonces..." "el hombre salió de su casa y se dio cuenta que el agua del mar le llegaba a las rodillas, por eso..." "Cuando se bajó del avión descubrió que no estaba en el destino correcto y que además tampoco era la época en la que vivía..."

jueves, 1 de enero de 2026

Poema de Gilgamesh

 

Gilgamesh y la búsqueda de la inmortalidad

Hace miles de años, en la ciudad de Uruk, gobernaba Gilgamesh, rey poderoso, nacido de madre diosa y padre humano.

Era más fuerte y sabio que cualquier otro hombre, pero también orgulloso y tiránico. Su pueblo clamaba por alivio y los dioses respondieron creando a Enkidu, un salvaje del bosque, igual en fuerza a Gilgamesh.

Cuando los dos héroes se enfrentaron, no ganaron enemigos, sino una profunda amistad. Juntos emprendieron hazañas colosales: mataron al guardián del bosque, Humbaba, y al toro celeste enviado por la diosa Ishtar. Pero al desafiar a los dioses, pagaron un precio. Enkidu cayó enfermo y murió, dejando a Gilgamesh hundido en el dolor.

La muerte de su amigo marcó a Gilgamesh profundamente. Por primera vez, comprendió que su destino era morir. Negándose a aceptarlo, emprendió una larga y peligrosa búsqueda para encontrar a Utnapishtim, el único a quien los dioses habían hecho inmortal tras sobrevivir al gran diluvio.

Gilgamesh atravesó montañas, cruzó el mar de la muerte y llegó al fin del mundo. Allí encontró a Utnapishtim, quien le contó cómo los dioses habían puesto fin a la humanidad con un diluvio, pero también cómo, por su virtud, él y su esposa habían recibido la vida eterna.

Pero cuando Gilgamesh pidió lo mismo, los dioses se negaron. Su destino, como el de todos los hombres, era morir. Utnapishtim le reveló la existencia de una planta en el fondo del océano que podía devolver la juventud. Gilgamesh la consiguió, pero mientras dormía, una serpiente se la llevó.

Sin más remedio, Gilgamesh regresó a Uruk, no con la inmortalidad, sino con una nueva sabiduría. Miró los muros de su ciudad, las obras que había construido y entendió: aunque él moriría, su legado viviría.

Este mito es de origen mesopotámico, concretamente de la antigua Sumeria y Acad, en la región que hoy es Irak. Es parte de la Epopeya de Gilgamesh, una de las obras literarias más antiguas de la humanidad, escrita en tablillas de arcilla en escritura cuneiforme.

Se trata de una meditación sobre la condición humana, la amistad, la muerte y el sentido de la vida. A diferencia de otros mitos heroicos centrados en conquistas, este relato presenta un protagonista que, tras perder a su mejor amigo, se ve obligado a confrontar el miedo universal a la muerte.

Su búsqueda de la inmortalidad es, en realidad, una búsqueda de sentido ante la fugacidad de la existencia. El relato enseña que los dioses, aunque poderosos, han puesto límites a los humanos. Así, no se puede escapar a la muerte, pero sí se puede crear, amar y dejar huellas que perduren.

La relación entre Gilgamesh y Enkidu es el núcleo emocional del poema. Enkidu humaniza a Gilgamesh, enseñándole humildad y compañerismo. Su muerte provoca la crisis existencial del protagonista.

En este sentido, la amistad se muestra como una fuerza que da significado a la vida y transforma al individuo. Al inicio del poema, Gilgamesh es un rey despótico que oprime a su pueblo. A través de sus experiencias con Enkidu y su viaje, aprende a ser un líder más sabio.

Su transformación enfatiza la idea de que un gobernante no sólo debe cultivar la fuerza, sino que también promover la justicia y demostrar compasión.