SIMBOLISMO
domingo, 1 de marzo de 2026
Simbolismo y "Las flores del mal" de Charles Baudelaire
"Una carroña" Charles Baudelaire
Recuerda el objeto que vimos, mi alma,
aquella hermosa mañana de tan dulce verano
en un recodo del camino una carroña infame
en un lecho sembrado de guijarros,
con las piernas al aire, como una mujer lúbrica
ardiendo y sudando venenos,
abría de un modo indolente y cínico
su vientre lleno de exhalaciones.
El sol resplandecía sobre esa podredumbre,
como para cocinarla a punto,
y devolver a la gran naturaleza, centuplicado,
lo que ella había reunido.
Y el cielo miraba la osamenta espléndida
abrirse como una flor.
El hedor era tan fuerte que en la hierba
tú creíste desfallecer.
Las moscas zumbaban en el vientre pútrido,
de donde salían negros ejércitos
de larvas que corrían como un espeso líquido
a lo largo de esos harapos vivientes.
Todo eso bajaba, subía como una ola,
o se lanzaba burbujeando;
parecía que el cuerpo henchido por un soplo vago,
vivía multiplicándose.
Y el mundo exhalaba una música extraña,
como el agua que corre y el viento,
o el grano que el cribador como rítmico movimiento
agita y mezcla en su tamiz.
Las formas se desdibujaban y no eran más que un sueño,
un esbozo lento en llegar
a la tela olvidada y que el artista termina
solo con el recuerdo.
Detrás de las rocas una perra inquieta
nos miraba con enojo,
acechando el momento de arrancar al esqueleto
el trozo que había soltado.
Y sin embargo serás semejante a esa basura,
a esa horrible infección,
estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
¡Tú, mi ángel y mi pasión!
Si, eso serás, oh la reina de las gracias,
después de los últimos sacramentos,
cuando vayas, bajo la hierba y las ricas flores,
a enmohecer entre los esqueletos.
Entonces, ¡oh mi beldad! dí a los gusanos
que te comerán a besos,
¡que yo he conservado la forma y la esencia divina
de mis amores en descomposición!
"El albatros" Charles Baudelaire
El albatros
A menudo, para divertirse, los marineros
capturan albatros, vastos pájaros marinos,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al navío deslizándose sobre amargos abismos.
Apenas los han depositado en la cubierta,
estos reyes del azul, torpes y vergonzosos,
dejan, como remos, sus grandes alas blancas,
arrastrar lastimosamente a su lado.
Ese viajero alado qué desmañado y débil es!
Qué cómico y feo, él antes tan hermoso!
Uno irrita su pico con una corta pipa,
otro remeda, cojeando al inválido que volaba!
El poeta se asemeja al príncipe de las nubes
que frecuenta la tormenta y se burla del arquero;
exiliado en la tierra en medio de abucheos,
sus alas de gigante le impiden caminar.
viernes, 27 de febrero de 2026
miércoles, 25 de febrero de 2026
Propuestas de escritura creativa
Elige dos de las siguientes opciones y desarrolla:
: Elabora un relato corto que describa las aventuras y los dilemas morales de una persona que descubre que tiene un super poder.
Crea una versión moderna de un cuento infantil tradicional.
Imagina un final alternativo a una historia que conozcas.
Agrega un personaje diferente a un cuento, que genere un cambio en la historia.
Inventa una historia a partir de una pintura, escultura u obra de arte a tu elección. Cuenta algo que se desprenda de esa obra.
Elige un comienzo y desarrolla la historia: "un día se oscureció el cielo porque el sol desapareció, entonces..." "el hombre salió de su casa y se dio cuenta que el agua del mar le llegaba a las rodillas, por eso..." "Cuando se bajó del avión descubrió que no estaba en el destino correcto y que además tampoco era la época en la que vivía..."
jueves, 1 de enero de 2026
Poema de Gilgamesh
Gilgamesh y la búsqueda de la inmortalidad
Hace miles de años, en la ciudad de Uruk, gobernaba Gilgamesh, rey poderoso, nacido de madre diosa y padre humano.
Era más fuerte y sabio que cualquier otro hombre, pero también orgulloso y tiránico. Su pueblo clamaba por alivio y los dioses respondieron creando a Enkidu, un salvaje del bosque, igual en fuerza a Gilgamesh.
Cuando los dos héroes se enfrentaron, no ganaron enemigos, sino una profunda amistad. Juntos emprendieron hazañas colosales: mataron al guardián del bosque, Humbaba, y al toro celeste enviado por la diosa Ishtar. Pero al desafiar a los dioses, pagaron un precio. Enkidu cayó enfermo y murió, dejando a Gilgamesh hundido en el dolor.
La muerte de su amigo marcó a Gilgamesh profundamente. Por primera vez, comprendió que su destino era morir. Negándose a aceptarlo, emprendió una larga y peligrosa búsqueda para encontrar a Utnapishtim, el único a quien los dioses habían hecho inmortal tras sobrevivir al gran diluvio.
Gilgamesh atravesó montañas, cruzó el mar de la muerte y llegó al fin del mundo. Allí encontró a Utnapishtim, quien le contó cómo los dioses habían puesto fin a la humanidad con un diluvio, pero también cómo, por su virtud, él y su esposa habían recibido la vida eterna.
Pero cuando Gilgamesh pidió lo mismo, los dioses se negaron. Su destino, como el de todos los hombres, era morir. Utnapishtim le reveló la existencia de una planta en el fondo del océano que podía devolver la juventud. Gilgamesh la consiguió, pero mientras dormía, una serpiente se la llevó.
Sin más remedio, Gilgamesh regresó a Uruk, no con la inmortalidad, sino con una nueva sabiduría. Miró los muros de su ciudad, las obras que había construido y entendió: aunque él moriría, su legado viviría.
Este mito es de origen mesopotámico, concretamente de la antigua Sumeria y Acad, en la región que hoy es Irak. Es parte de la Epopeya de Gilgamesh, una de las obras literarias más antiguas de la humanidad, escrita en tablillas de arcilla en escritura cuneiforme.
Se trata de una meditación sobre la condición humana, la amistad, la muerte y el sentido de la vida. A diferencia de otros mitos heroicos centrados en conquistas, este relato presenta un protagonista que, tras perder a su mejor amigo, se ve obligado a confrontar el miedo universal a la muerte.
Su búsqueda de la inmortalidad es, en realidad, una búsqueda de sentido ante la fugacidad de la existencia. El relato enseña que los dioses, aunque poderosos, han puesto límites a los humanos. Así, no se puede escapar a la muerte, pero sí se puede crear, amar y dejar huellas que perduren.
La relación entre Gilgamesh y Enkidu es el núcleo emocional del poema. Enkidu humaniza a Gilgamesh, enseñándole humildad y compañerismo. Su muerte provoca la crisis existencial del protagonista.
En este sentido, la amistad se muestra como una fuerza que da significado a la vida y transforma al individuo. Al inicio del poema, Gilgamesh es un rey despótico que oprime a su pueblo. A través de sus experiencias con Enkidu y su viaje, aprende a ser un líder más sabio.
Su transformación enfatiza la idea de que un gobernante no sólo debe cultivar la fuerza, sino que también promover la justicia y demostrar compasión.
