lunes, 7 de junio de 2021

Capítulo 2 de "El Quijote"

 

Don Quijote de La Mancha

Capítulo II

Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote

Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su pensamiento [1], apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, [2] según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar [3], sinrazones que enmendar y abusos que mejorar [4] y deudas que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención [5] y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio [6], se armó de todas sus armas [7], subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga [8], tomó su lanza y por la puerta falsa de un corral salió al campo [9], con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo. Mas apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue que le vino a la memoria que no era armado caballero y que, conforme a ley de caballería, ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero [10], y puesto que lo fuera, había de llevar armas blancas [11], como novel caballero, sin empresa en el escudo [12], hasta que por su esfuerzo la ganase.

Estos pensamientos le hicieron titubear en su propósito; mas, pudiendo más su locura que otra razón alguna, propuso de hacerse armar caballero del primero que topase, a imitación de otros muchos que así lo hicieron, según él había leído en los libros que tal le tenían [13]. En lo de las armas blancas [14], pensaba limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuesen más que un armiño [15]; y con esto se quietó [16] y prosiguió su camino, sin llevar otro que aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras [17].

Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo mismo y diciendo:

—¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera? [18]: «Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos [19], y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas [20] habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba [21], cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas [22], subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel» [23].

Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:

—Dichosa edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías [24], dignas de entallarse en bronces [25], esculpirse en mármoles y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas [26], a quien ha de tocar el ser coronista [27] desta peregrina historia! [28] Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras [29].

Luego volvía diciendo, como si verdaderamente fuera enamorado:

—¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón! Mucho agravio me habedes fecho en despedirme y reprocharme con el riguroso afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. Plégaos, señora, de membraros deste vuestro sujeto corazón, que tantas cuitas por vuestro amor padece(30).

Con estos iba ensartando otros disparates, todos al modo de los que sus libros le habían enseñado, imitando en cuanto podía su lenguaje. Con esto, caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera.(31)

Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese(32), de lo cual se desesperaba, porque quisiera topar luego(33) con quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo. Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino fue la del Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento(34) pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha(35) es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre, y que, mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse(36) y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta(37) , que fue como si viera una estrella que, no a los portales, sino a los alcázares de su redención le encaminaba(38). Diose priesa a caminar y llegó a ella a tiempo que anochecía.

Estaban acaso(39) a la puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del partido (40), las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche acertaron a hacer jornada(41); y como a nuestro aventurero todo cuanto pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que había leído, luego que vio la venta se le representó que era un castillo con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata(42), sin faltarle su puente levadiza y honda cava(43), con todos aquellos adherentes que semejantes castillos se pintan. Fuese llegando a la venta que a él le parecía castillo, y a poco trecho della detuvo las riendas a Rocinante, esperando que algún enano se pusiese entre las almenas a dar señal con alguna trompeta de que llegaba caballero al castillo(44). Pero como vio que se tardaban y que Rocinante se daba priesa por llegar a la caballeriza, se llegó a la puerta de la venta y vio a las dos destraídas mozas que allí estaban(45), que a él le parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando(46). En esto sucedió acaso que un porquero que andaba recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos (que sin perdón así se llaman)(47) tocó un cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida; y, así, con estraño contento(48) llegó a la venta y a las damas, las cuales, como vieron venir un hombre de aquella suerte armado, y con lanza y adarga, llenas de miedo se iban a entrar en la venta; pero don Quijote, coligiendo por su huida su miedo(49), alzándose la visera de papelón(50) y descubriendo su seco y polvoroso rostro, con gentil talante y voz reposada les dijo:

—Non fuyan las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno, ca a la orden de caballería que profeso non toca ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran.(51)

Mirábanle las mozas y andaban con los ojos buscándole el rostro, que la mala visera le encubría; mas como se oyeron llamar doncellas, cosa tan fuera de su profesión, no pudieron tener la risa y fue de manera que don Quijote vino a correrse(52) y a decirles:

—Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez además la risa que de leve causa procede; pero non vos lo digo porque os acuitedes ni mostredes mal talante, que el mío non es de al que de serviros.(53)

El lenguaje, no entendido de las señoras(54) y el mal talle de nuestro caballero(55) acrecentaba en ellas la risa, y en él el enojo, y pasara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacífico(56), el cual, viendo aquella figura contrahecha(57), armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y coselete(58), no estuvo en nada en acompañar a las doncellas en las muestras de su contento(59). Mas, en efeto, temiendo la máquina de tantos pertrechos(60) determinó de hablarle comedidamente y, así, le dijo:

—Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho(61), porque en esta venta no hay ninguno, todo lo demás se hallará en ella en mucha abundancia.

Viendo don Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza(62), que tal le pareció a él el ventero y la venta, respondió:

—Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque «mis arreos son las armas, mi descanso el pelear»(63), etc.

Pensó el huésped(64) que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz(65) y de los de la playa de Sanlúcar(66), no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje [67] y, así, le respondió:

—Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, siempre velar; y siendo así bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche.

Y diciendo esto fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con mucha dificultad y trabajo, como aquel que en todo aquel día no se había desayunado.

Dijo luego al huésped que le tuviese mucho cuidado de su caballo, porque era la mejor pieza que comía pan en el mundo [68]. Miróle el ventero, y no le pareció tan bueno como don Quijote decía, ni aun la mitad; y, acomodándole en la caballeriza, volvió a ver lo que su huésped mandaba, al cual estaban desarmando las doncellas, que ya se habían reconciliado con él; las cuales, aunque le habían quitado el peto y el espaldar, jamás supieron ni pudieron desencajarle la gola [69], ni quitalle la contrahecha celada, que traía atada con unas cintas verdes [70], y era menester cortarlas, por no poderse quitar los ñudos; mas él no lo quiso consentir en ninguna manera y, así, se quedó toda aquella noche con la celada puesta, que era la más graciosa y estraña figura que se pudiera pensar; y al desarmarle, como él se imaginaba que aquellas traídas y llevadas que le desarmaban [71] eran algunas principales señoras y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:

—«Nunca fuera caballero de
damas tan bien servido
como fuera don Quijote

cuando de su aldea vino:
doncellas curaban dél;
princesas, del su rocino» [72],

o Rocinante, que este es el nombre, señoras mías, de mi caballo, y don Quijote de la Mancha el mío; que, puesto que no quisiera descubrirme  [73] fasta que las fazañas fechas en vuestro servicio y pro [74] me descubrieran, la fuerza de acomodar al propósito presente este romance viejo de Lanzarote [75] ha sido causa que sepáis mi nombre antes de toda sazón; pero tiempo vendrá en que las vuestras señorías me manden y yo obedezca, y el valor de mi brazo descubra el deseo que tengo de serviros.

Las mozas, que no estaban hechas a oír semejantes retóricas [76], no respondían palabra; solo le preguntaron si quería comer alguna cosa.

—Cualquiera yantaría yo (77) —respondió don Quijote—, porque, a lo que entiendo, me haría mucho al caso [78].

A dicha [79], acertó a ser viernes aquel día [80], y no había en toda la venta sino unas raciones de un pescado que en Castilla llaman abadejo , y en Andalucía bacallao , y en otras partes curadillo , y en otras truchuela [81]. Preguntáronle si por ventura comería su merced truchuela, que no había otro pescado que dalle a comer.

—Como haya muchas truchuelas —respondió don Quijote—, podrán servir de una trucha, porque eso se me da [82] que me den ocho reales en sencillos que en una pieza de a ocho [83]. Cuanto más, que podría ser que fuesen estas truchuelas como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabrón [84]. Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas [85].

Pusiéronle la mesa a la puerta de la venta, por el fresco, y trújole el huésped [86] una porción del mal remojado y peor cocido bacallao y un pan tan negro y mugriento como sus armas; pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenía puesta la celada y alzada la visera [87], no podía poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía, y, ansí, una de aquellas señoras servía deste menester. Mas al darle de beber, no fue posible, ni lo fuera si el ventero no horadara una caña, y, puesto el un cabo en la boca, por el otro le iba echando el vino [88]; y todo esto lo recebía en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la celada. Estando en esto, llegó acaso a la venta un castrador de puercos, y así como llegó, sonó su silbato de cañas [89] cuatro o cinco veces, con lo cual acabó de confirmar don Quijote que estaba en algún famoso castillo y que le servían con música y que el abadejo eran truchas, el pan candeal [90] y las rameras damas y el ventero castellano del castillo, y con esto daba por bien empleada su determinación y salida. Mas lo que más le fatigaba [91] era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podría poner legítimamente en aventura alguna sin recebir la orden de caballería.

Vocabulario capítulo 1 "El Quijote"

 1.–Salpicón. Fiambre de carne picada compuesto y aderezado con pimienta, sal y cebolla, todo mezclado.

2.–Velarte . Paño enfurtido y lustroso, de color negro, que servía para capas, sayos y otras prendas exteriores de abrigo.

3.–Vellorí. Paño extrafino de color pardo ceniciento o de lana sin teñir.

4.–Feliciano de Silva. Escritor español del siglo XVI, autor de una continuación del Amadís de Gaula, de cuyo complicado estilo se burla Cervantes en el Quijote. Es famoso también por la segunda comedia de "Celestina o Resurrección de Celestina".

5.– Aristóteles. Filósofo griego del siglo IV antes de Cristo. Es considerado el mayor genio de la filosofía griega, junto con Platón.

6.–Don Belianís. Protagonista de la novela de caballerías "Belianís de Grecia" , el cual recibió en su cuerpo gran cantidad de heridas.

7.–Sigüenza. Se trataría de una de las Universidades menores, por lo que debemos entender la frase en sentido irónico al referirse a la sabiduría del cura. Era corriente esta burla entre los clásicos.

8.– Palmerín de Inglaterra. Existe la serie de los "Palmerines", novelas de caballerías que siguen el ciclo del Amadís. Esta obra sigue el tema de Primaleón y fue escrita por el portugués Francisco de Morais Cabral en 1544, y publicada primeramente en su traducción española de Luis Hurtado, y seguidamente en su original de Evora en 1567.

9.– Amadís de Gaula. Es el héroe caballeresco que mayor repercusión tiene en esta obra.

Influye en el momento de tomar nombre nuestro personaje y se puede decir que es su modelo constante en toda la obra. No sólo admira a este personaje, sino también a las figuras que le rodean. Por ejemplo, a su escudero Galaor.

10.–Caballero del Febo. Uno de los libros de caballerías más tardíos. Obra de Diego Ortúñez de Calahorra, aparecida en 1562.

11.–Galaor (Galehaut, Galeotto). Personaje de varias novelas caballerescas del Ciclo Bretón. Se caracteriza por su gran generosidad y sacrificio, sobre todo con su amigo Lanzarote. Es el escudero de Amadís de Gaula.

12.–Celebro. Cerebro. Del latín cerebrum.

13.–Bernardo del Carpio. Héroe de la épica hispánica. Simboliza la hidalguía española y representa el espíritu de sacrificio y vasallaje al monarca.

14.–Hércules. Es el más popular de los héroes griegos. Hijo de Zeus y Alcmene, era venerado como un dios. Destaca por los Doce Trabajos y una serie de  grandes hazañas, por lo que fue considerado el protector y defensor de los débiles y como ejemplo de virtud.

15.–Morgante. Héroe del poema caballeresco del mismo nombre. Fue escudero de Roldán, y logró vencer a todos los enemigos por su gran fuerza.

16.–Reynaldos de Montalbán. Era uno de tos cuatro hijos de Aimón, personajes de un cantar de gesta francés del siglo XIII. Éste era la figura más sobresaliente y perduró hasta el XV, cuando se hicieron nuevas versiones en prosa. Parece ser que en España se conoce gracias a fuentes italianas.

17.–Allenda. En ultramar.

18.–Galalón. Se refiere al traidor Ganelón, personaje de la epopeya carolingia, promotor del desastre de Roncesvalles, en donde pereció Roldán.

19.–Trapisonda. Se trata de una de las cuatro partes en que se dividió el imperio griego en 1220: Constantinopla, Tesalónica,  Trapisonda y Nicea.

20.–Luengos. Del latín longus. Existía primeramente largus en sentido de abundancia y a partir del siglo XV se empleó en su acepción moderna. Previo a este fenómeno se usaba luengo, por lo que Cervantes conserva el arcaísmo.

21.–Caballo de Gonela. Se trata del caballo de Pietro Connella, bufón de la corte de Ferrara, famoso precisamente por su delgadez.

22.–Tantum pellis et ossa fuit. Sumamente flaco y delgado.

23.–Bucéfalo, de Alejandro, y Babieca, del Cid. Nombres de los caballos de dichos personajes famosos.

24.–Don Quijote. Etimológicamente, es una pieza del arnés destinada a cubrir el muslo. Procede del antiguo cuxot, y éste del antiguo cuixot , influido en castellano por quijada. Según Corominas, Cervantes pensó en el nombre de esta prenda caballeresca al achacar al héroe Quijano la idea de tomar el nombre de guerra de Quijote. Ríquer, siguiendo a Dámaso Alonso, opina que el nombre parece inspirarse en Camilote, personaje del libro de caballerías "Primaleón y Polendos" , debido a que en otros aspectos parece haber influido en la obra española.

25.–Aldonza Lorenzo. Nombre considerado muy vulgar.

Capítulo 1 "El Quijote"

 

Don Quijote de La Mancha

Capítulo I

Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de La mancha

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón (1) las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto de ella concluían sayo de velarte (2), calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí (3) de lo más fino.

Tenía en su casa un ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración de él no se salga un punto de la verdad.

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año) se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas fanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber de ellos; y, de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva(4); porque la claridad de su prosa y aquellas intrincadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: "La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra hermosura." Y también cuando leía: "...los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza".

Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles(5), si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que D. Belianís (6) daba y recibía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y darle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran.

Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar, que era hombre docto, graduado en Sigüenza (7), sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Inglaterra (8), o Amadís de Gaula (9); mas maese Nicolás, barbero del mismo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo (10), y que si alguno se le podía comparar era D. Galaor (11), hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro (12) de manera que vino a perder e1 juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asen­tósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero; pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de solo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio (13), porque en Roncesvalles había muerto a Roldán, el encantado, valiéndose de la industria de Hércules (14), cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos.

Decía mucho bien del gigante Morgante (15), porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descome­didos, él sólo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reynaldos de Montalbán (16), y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allenda (17) robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él por dar una mano de coces al traidor de Galalón (18), al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura.

En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros dónde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama.

Imaginá­base el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda (19); y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del extraño gusto que en ellos sentía, se dio prisa a poner en efecto lo que deseaba. Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos (20) siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón.

Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo; pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacía una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que lo había hecho pedazos, y, por asegurarse de este peligro, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por dentro, de tal manera que él quedó satisfecho de su fortaleza y, sin querer hacer nueva experiencia de ella, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje.

Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela (21), que tantum pellis et ossa fuit (22), le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca (23) el del Cid con él se igualaban.

Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque (según se decía él a sí mismo) no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y así, procuraba acomodársele de manera que declarase quién había sido antes que fuese de caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba; y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre, a su parecer; alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo.

Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote (24); de donde, como queda dicho, tomaron ocasión los autores de esta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís, no sólo se había contentado con llamarse a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la Mancha , con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria y la honraba con tomar el sobrenombre  de ella.

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse: porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.

Decíase él: "Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendida: "Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante la vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante"?"

¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni se dio cata de ello. Llamábase Aldonza Lorenzo (25) y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos, y buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto.

martes, 11 de mayo de 2021

cuestionario canto I

 

CUESTIONARIO GUÍA DE LECTURA LA ILÍADA. RESPONDE EN FORMA BREVE Y CONCRETA.

 

1-¿Quién era Agamenón?

2- ¿Quién ataca a los aqueos por no devolver a Criseida?

3-¿Con qué son atacados los aqueos?

4-¿Cómo averiguan los aqueos la razón del ataque?

5-¿Cómo se venga Agamenón de la pérdida de Criseida?

6- ¿Qué hace Aquiles al saber que perdió a Briseida?

7-¿Qué dios está del lado de los troyanos?

8- ¿A quién le reprocha Héctor la causa de iniciar la guerra?

 

SEÑALAR LA RESPUESTA CORRECTA:

1-      La guerra de Troya duró: a- 10 años

                                             b- 6 años

                                             c- 7 años

 

2-      El padre de Aquiles era: a- Eurímaco, rey de los Amnos

                                            b- Licomedes, rey de Esciros

                                            c- Peleo, rey de los mirmidones.

3-      Clitemnestra es: a- hermana de Héctor

                              b- esclava de Menelao

                              c- esposa de Agamenón

 

4-      ¿Cuál de estos personajes es troyano? a- Agamenón

                                                                      b- Paris

                                                                      c- Menelao

 

5-      Al final de la obra los protagonistas: a- celebran honras fúnebres

                                                                 b- Aquiles entra a Troya mediante la estrategia del caballo.

                                                                 c- Agamenón muere a manos de su esposa.

 

6-      En la obra sobresalen: a- los sentimientos de los personajes.

                                         b- la diversidad de paisajes, los vicios y virtudes del ser humano.

                                         c- el honor, el valor, el areté, el precio del sacrificio.

                                         d- el carácter histórico del autor, descripción del armamento y técnicas militares.

 

 

miércoles, 21 de abril de 2021

"Ilíada" canto I

 Esta semana les pido que lean el canto I de "La Ilíada". Para facilitar la lectura, les comento que tiene los siguientes momentos:

1-Invocación.

2- Querella entre Crises y Agamenón.

3- La peste.

4- El Ágora.

5- Querella entre Aquiles y Agamenón.


Una querella es un enfrentamiento de carácter verbal, algo así como una discusión fuerte. Como verán, hay dos en este canto donde quedan de manifiesto los conflictos entre ciertos personajes. Crises es un anciano sacerdote que está en el mismo bando de Agamenón.